EL DUENDE SE BUSCA UN SUSTITUTO.
El Virus que se me pegó a través
de un E-Mail que me coló con malsana intención algún enemigo encubierto y
que me ha dejado por varios días fuera del aire y en estado de
reposo absoluto en mi tumba fría, me ha obligado a buscar soluciones
alternas para por lo menos que mis queridos oyentes y lectores, no
pierdan la costumbre de escuchar al menos, mi voz de tonalidad
misteriosa del mas allá.
¿Solución? Copiar. Hacer lo que en
la escuela, cuando no nos sabíamos una lección para el examen de
turno.
De manera que hoy le vamos a dar
lectura a una crónica escrita por el colega periodista Ciro Bianchi
que tomamos de su Blog de la Internet que aparece en las páginas
del diario cubano Juventud Rebelde. Bianchi es un estimado amigo
que también es acucioso historiador, además de ser ameno escritor de
esmerada pluma. De Ciro Bianchi, la historia y origen de la
popular frase cubana de ?Aquello acabó como la fiesta del Guatao?.
Dice así:
?Durante
más de cien años hemos oído repetir en Cuba una frase que el uso ha hecho
célebre: ?Acabó como la fiesta del Guatao?. Lo curioso del caso es que
desconocemos realmente qué fiesta fue aquella, aunque por el sentido que se da
a la expresión se sabe que no tuvo un final feliz. Cuando aquí se dice que un
suceso terminó de esa manera, nadie duda de que se trató de algo que empezó
bien y finalizó mal.
¿Fue bronca de borrachos en medio de una celebración religiosa afrocubana? ¿La
motivaron los celos y las furias de un marido burlado o la determinación de un
grupo de hombres dispuestos a vengar una estafa? Se ignora qué pasó y hay
quien asegura que no hubo tal fiesta en Guatao y sí una matanza horrible que
en 1896 perpetraron soldados y paramilitares españoles entre la población
indefensa y levantisca porque en Guatao, se afirma, hasta las piedras eran
insurrectas.
En 1955, Gregorio Ortega, un entonces joven reportero, se fue a ese poblado
habanero a fin de indagar qué fue esa fiesta y cómo concluyó. Allegó varias
versiones diferentes y hasta contradictorias que resumió luego en un reportaje
que escribió para la revista Carteles, pero no pudo llegar a una conclusión
definitiva porque cualquiera de aquellas versiones podía ser la verdadera y
tal vez no lo fuera ninguna.
Nada nuevo puede aportar hoy este columnista a la indagación que hace más de
cincuenta años acometió el autor de La red y el tridente y Una de
cal y otra de arena y que en un grueso volumen titulado Del Guatao a
Hong Kong, publicado en 1986, narró sus aventuras periodísticas por medio
mundo y compiló muchas de sus crónicas, entre ellas la titulada ?Aquella
fiesta del Guatao?.
CAMINO REAL
Guatao se
fundó en 1750 en las tierras que cedió gratuitamente Esteban Godina a la vera
del camino real que iba de La Habana a Vuelta Abajo. Sobre esa vía se
edificaron también los caseríos de Mordazo, La Ceiba, Curazao, Quemados y Marianao, y además El Cano, Corralillo y Guayabal. Pero la tierra era baja y
pantanosa y para trazar la calzada hasta el poblado de Guanajay se buscó una
base más firme. La nueva ruta pasó paralela, pero a unos dos kilómetros del
viejo camino real y El Cano, Guatao, Corralillo y Guayabal quedaron a un lado,
abandonados. Entonces, sobre la nueva calzada, por cada uno de esos caseríos
surgió uno nuevo: Arroyo Arenas por El Cano, Punta Brava por Guatao, Hoyo
Colorado o Bauta por Corralillo y Caimito del Guayabal por Guayabal,
?Luego, sobre la antigua calzada se hizo la carretera Central y las nuevas
poblaciones florecieron. Los pueblos a la orilla del viejo camino real, ya en
desuso, languidecieron?, escribe Gregorio Ortega en su reportaje y asegura que
en 1955 Guatao tenía menos población y comercio que a mediados del siglo XIX.
En 1827, por ejemplo, existían allí un almacén de víveres, dos tiendas de
ropa, ocho tiendas mixtas, dos herrerías, una carpintería, una sastrería, una
panadería, tres tabaquerías y una barbería. En 1955 no quedaban más que dos
bodegas y una cantina, precarias las tres, y una fábrica de almidón que era la
única industria del poblado. La iglesia, que se edificó en 1765, acababa de
derrumbarse en esos días y se confiaba en que se construiría de nuevo. Comentó
al periodista uno de sus informantes: ?Lo único que queda del Guatao es su
fama; aquella de la fiesta?.
VERSIONES
Alberico
Martínez, propietario de la fábrica aludida, dio a Ortega su versión sobre el
origen de la frase. Se la contó una negra esclava llamada Ramona que falleció
alrededor de 1940 luego de haber vivido más de cien años. Ella relataba,
recordaba Alberico, que justo en el lugar que ocupaba su fábrica estuvo la
casa de la fiesta famosa.
?En una zapatería de Punta Brava estaban liquidando las existencias a precios
muy bajos y varios guajiros de aquí habían ido a comprar. Pero llovía mucho y
los caminos estaban muy malos y cuando regresaron al pueblo los zapatos
estaban abiertos, deshechos. Los guajiros asistieron a la fiesta y ya había
empezado esta cuando llegó el zapatero. Los estafados apalearon al hombre y
allí mismo se acabó todo?,
La versión de Alberico no coincide con la que también ofreció a Gregorio
Ortega un hombre de piel muy negra y brillante y 86 años de edad que aseguraba
haber peleado por la independencia de Cuba bajo las órdenes del general
Quintín Bandera. Se llamaba Cirilo Suárez y en su conversación con el
periodista aludió a los congos y lucumíes que vivían en Guatao y sus
alrededores. ?Eran muy guapos y se fajaban mucho?, aseveró, y recordó además
su carácter fiestero; todos los sábados se emborrachaban y a veces sus fiestas
duraban hasta el domingo.
?Me acuerdo de una fiesta que se hizo famosa; de ahí viene eso de la fiesta
del Guatao. Hace muchos años de ella? Era un santo de congo y todo el mundo se
emborrachó. Con la tomadera se formó la guaracha. De pronto empezó la bronca,
no sé por qué? Cuando la gente bebe por cualquier cosa se faja. ¡Cómo se dio
leña aquel día!?.
Una versión más recoge el reportero. Se la cuenta Nicolás Larrinaga, que la
escuchó de su padre, muerto en 1952, a los 118 años de edad. Se celebraba en Guatao un baile para festejar el fin de la guerra contra España y a la
celebración concurrieron, sin que nadie los hubiera invitado y para ver la
acogida que se les daba, elementos pro españoles hasta la víspera.
Por aquellos días, rememoraba Larrinaga, dos vecinos del poblado ?Ángel Bildosa y Merced Amador- mantenían relaciones amorosas pese a que Ángel era
casado. Llegó la fecha del baile y Ángel, que tenía la fortaleza de un animal
y muy malas pulgas, prohibió a su amante que acudiese a la fiesta. Parece que
sospechó que ella no lo obedecería y ya a medianoche, luego de dejar a su
esposa en la cama, se fue a la casa de la querida. No la encontró y decidió
buscarla donde sabía que estaba. Cuando entró a la fiesta, que se celebraba
donde después estuvo la fábrica de almidón, Ángel vio que Merced bailaba con
un teniente de los recién desaparecidos paramilitares españoles.
No se molestó en pedir explicaciones. Rasgó el vestido de la mujer de arriba
abajo, y ella, que también se las traía, se descalzó y a taconazo limpio la
emprendió contra su compañero. Quiso intervenir a favor de Merced el teniente
y ahí se armó la gorda porque los vecinos, que se la tenían jurada al elemento
pro español desde la matanza de 1896, aprovecharon la oportunidad para
cobrársela? Los enemigos de ayer quedaron muy mal parados.
¿QUIÉN
SABE?
Porque el
22 de febrero de ese año los españoles cometieron en Guatao la matanza de la
que ya se habló. Una columna compuesta por unos 200 guardias civiles, soldados
y paramilitares salió de Marianao para operar en las zonas vecinas y en Punta
Brava se enfrentó con una partida insurrecta a la que no pudo aniquilar. Ireno
Gutiérrez, testigo presencial de los hechos, contó a Ortega lo que sigue:
?Entonces la columna vino hasta el Guatao, cogió a todo el que pudo y lo metió
en la iglesia. De allí los sacaban amarrados, los tiraban en la carretera,
frente a unas matas de salvadera que todavía existen, y los mataban en el
suelo? De noche partió la columna llevando veinte prisioneros de los cuales
solo cinco llegaron a Marianao. En la carretera dondequiera aparecían manchas
de sangre y en las afueras del pueblo quedaron diez y seis cadáveres?.
Se dice que unos cincuenta muertos causó aquella tragedia. Ireno no fue
apresado porque tuvo la suerte de poder huir a un bosque cercano. Tenía 15
años de edad.
Para algunos autores, esa matanza fue la que dio origen a la frase. Pero
¿quién sabe? Porque como expresa Gregorio Ortega en su reportaje, ?de aquel
pasado sangriento, pendenciero y bullente del pueblo, no queda más que una
frase?.
Y con
esta historia del colega Ciro Bianchi, El Duende se despide por
hoy desde su tumba fría y con mi gallo cantando. Bambarambay.