Viernes  29  de diciembre de 2006

 

El Duende Miami.com

Desde el más allá

 

Original de Radio-Miami.com

 

  

DUENDES   ANTERIORES

 

DESDE MI TUMBA FRÍA    

EL  DUENDE  LES  DESEA FELICIDADES EN EL 7.

Ya  sabemos lo  que  significa  el  número   7  en  la  Charada  China  pero  para  aquellos que  no lo sepan,  es  la  parte   del  cuerpo  humano  donde  termina el tubo digestivo,  es  decir  eso  que  se  escribe  igual  que  la palabra   año,  pero  sin  la  tilde  que  N lleva  encima,  como  ocurre  en las  computadoras  que no  tienen  el teclado  en  español.  .  De manera  que culpa  no  es  de  El  Duende  que  el  año  que  comenzará  dentro  de  pocas  horas,  tenga  la  buena  o la  mala  suerte  de  ser el  7. Dicho esto vamos  al grano.                     

Apenas  faltan  unas  pocas horas  para  que  comience el  7.  Y  como  desde  hace  varios  días  este  Duende  no  sale  al aire  por  razones  muy  personales  que  no  vienen al  caso discutirlas, no  queremos sin  embargo  que  llegue  la hora  del  cambio de  año   sin  que  por  lo  menos  les  expresemos  a  Uds.  nuestros  mejores  deseos  en  tan  significativa  ocasión. 

  Escribir,  escribir,  nosotros  no  lo  haremos  hasta   el  próximo  dos  de  Enero, que  es  cuando  nuestro  director  ha  fijado  fecha  para  reanudar  las  trasmisiones regulares  de  Radio-Miami. Hoy  lo  que  haremos  es  leerles  una  deliciosa   crónica  escrita  por  el  periodista cubano  Ciro  Bianchi,  a  propósito  de  estos  días festivos  de finales  de  diciembre  que  apareció  en el  diario Juventud  Rebelde.  El tema que  trata  en su  artículo  el  colega Bianchi  viene  bien  con  las  fiestas  y  se  titula ?Regalo de  fin de  año?.   Dice  así: 

?Yo no sé bien qué es lo que pasa. El año, al menos para mí, empezó, como quien dice, ayer, y se acabará dentro de pocos días. Llegó la Nochebuena y en un abrir y cerrar de ojos vendrá el Año Nuevo a tumbarnos la puerta. Quisiera entonces hacer a los lectores un regalo. ¿Qué tal si hablamos de los cocteles cubanos?

            Bueno, en este punto, mejor sería decir de cocteles cubanos. Hablar sobre todos es imposible ya que nuestra coctelería en muy numerosa y variada. Alejo Carpentier lo dijo hace ya muchos años cuando afirmó que La Habana era la ciudad del mundo que mayor variedad de bebidas podía ofrecer al paladar curioso del viajero. El autor de esta página en su peregrinar por bares y cantinas, como dice el célebre bolero que interpretaba Orlando Contreras, llegó a acopiar más de 300 recetas de cocteles. Las había de todas partes del país: de La Habana, sobre todo, pero también de Baracoa y Viñales porque si de algo se precia y enorgullece este escribidor es el de haber recorrido Cuba ?y muchos de sus cayos- de punta a cabo. Pero las fórmulas son ciertamente muchas más: en la computadora del Floridita, que es uno de los bares más famosos del mundo, había hace ya algunos años unas 450. Y no eran todas.

            Claro que a un coctel lo refrenda el tiempo. Surge en cualquier bar y se impone o no en la preferencia de los bebedores. Así, hay cocteles cubanos que nadie recuerda o que aunque se recuerden no se degustan, mientras que otros se popularizan y dan la vuelta al mundo. El gusto del buen bebedor es, en esto, particularmente sabio.

            Cuando se habla de los grandes cocteles cubanos, se alude al Saoco, al Mulata, al Mary Pickfords, al Presidente y al Mojito. Y también al Cuba Libre, al Santiago, al Isla de Pinos y, por supuesto, al Daiquirí, que es el rey de los cocteles cubanos. Así lo reconocen los entendidos.

            Cantineros ilustres hay también muchos en Cuba, gente que hizo de su oficio un arte. La relación, en esta línea, la encabeza, sin duda, Constantino Ribalaigua, el propietario del Floridita, el Constante de Islas en el golfo, la novela de Hemingway. Nació en España, se nacionalizó cubano y falleció en La Habana, en 1952. Es el creador del Mary Pickfords, inspirado en la actriz norteamericana conocida como La Novia de América ?América tendría después otra novia más nuestra, Libertad Lamarque-, y el Havana Special, que tomó su nombre del de una línea naviera cuyos barcos hacían la travesía entre Tampa y la capital cubana. Constante asimismo se asocia al Daiquirí y al Presidente, aunque no los creara.

                                   LOCOS POR EL DAIQUIRÍ.

El Presidente -¡asombro!- fue idea del mayor general Mario García Menocal. El entonces primer mandatario llegó una tarde al Floridita y pidió a Constante que en un vaso de mezcla pusiera hielo, gotas de curazao, vermut blanco italiano y ron carta oro. Dijo que lo revolviera y se lo sirviera en una copa alta, de bacará, adornada con una guinda y un pedacito de cáscara de naranja. Constante comentó entonces: ?General, aquí tiene su Presidente?.

            Hay quien dice que en sus inicios el Daiquirí se llamó Canchánchara, la bebida preferida entre las tropas independentistas cubanas. Nuestros libertadores, cuando podían, la degustaban, endulzando el aguardiente con miel de abeja, para alejar las penas, los dolores y la fatiga. Pero en verdad el Daiquirí nació en las minas de hierro del mismo nombre del oriente del país, y se popularizó en el hotel Venus, de Santiago de Cuba; el antiguo hotel Venus, el que se hallaba frente al parque Céspedes y se derrumbó cuando el terremoto de 1932.

            En esa instalación hotelera, sin embargo, el Daiquirí se preparaba al rumbo, sin medidas exactas, según la inspiración del cantinero, y se enfriaba con trozos de hielo. Fue Constante, entonces, en el Floridita, quien estableció la norma exacta para cada uno de los componentes de ese coctel.

            Comenzó a enfriarlo con hielo frapé y descubrió que el trago no tolera sino onza y media de ron; si se le echa menos,  la batidora protesta, si se le echa más, queda aguado. Descubrió también que no se podía dejar en la batidora más de un minuto y se percató por último del sabor que le confería el marrasquino.

            Hemingway inmortalizó el Daiquirí en su narrativa. Otros escritores importantes tampoco lo han pasado por alto en sus textos y en sus vidas.

            García Márquez, Premio Nobel de Literatura al igual que Hemingway, se refiere al Daiquirí como a ?una combinación de ron diáfano de la Isla con polvo de hielo y jugo de limón?. Y otro Nobel, aunque rechazara el galardón, Jean Paul Sartre, en su Huracán sobre el azúcar, el apasionante reportaje que escribiera sobre Cuba en 1960, lo menciona como ?una especialidad cubana que nos agrada por el leve gusto a ron y de su limón diluido en hielo?. Graham Greene, que mereció diez veces el Premio Nobel aunque nunca se lo dieron y que fue, al decir de García Márquez, un inventor de cocteles diabólicos, lo degustaba, y de qué manera, durante sus estancias en La Habana. García Lorca se entusiasmó con el Daiquirí del Floridita. Lezama Lima rememoraba el día en que acompañó a Miguel Ángel Asturias, notable novelista guatemalteco y Premio Nóbel por añadidura, a ese bar-restaurante. Nos deleitamos, aseguraba el autor de Paradiso, con aquella bebida helada que es como el néctar de los dioses. El argentino Julio Cortázar lo tenía como el primero en lo que a cocteles cubanos se refiere. Así lo confesó al autor de esta página que bebió su primer Daiquirí en la compañía siempre grata y estimulante del novelista de Rayuela.

FRANCIS DRAKE Y EL MOJITO.

El Saoco tiene, de seguro, origen campesino. Solo en el campo cubano puede haber surgido esa mezcla mágica de ron blanco y agua de coco y que se sirve en el envase natural del fruto. El Cuba Libre nació en el Floridita, cuando todavía ese bar se llamaba La Piña de Plata, en los días de la instauración de la República (1902). El Isla de Pinos incluye en su fórmula el zumo de esa maravilla de las frutas cubanas que es la toronja. Y el Santiago se prepara con dos líneas de ron blanco y un golpe de curazao rojo. El Mulata tiene que haber sido creado por un barman español. Rinde tributo como pocos a la belleza y distinción de la cubana. Se elabora con ron añejo, lo que le da un toque de superioridad único.

            ¿Y el Mojito? Asegura don Fernando G. Campoamor que el corsario británico Francis Drake es el creador de un coctel que hasta bien entrado el siglo XIX fue muy demandado en las latitudes antillanas. Se elaboraba con aguardiente y se llamaba Drake. Tenía, se dice, propiedades curativas. Al menos en su novela El cólera en La Habana (1838) Ramón de Palma hace decir a uno de sus personajes: ?Yo me tomo todos los días a las once un draquecito y me va perfectamente?. Es el antecedente del Mojito.

            Desde 1910 comienza a hablarse del Mojito batido, pero habría que esperar a la década de los 30 para que apareciera el Mojito actual. Surge en el bar del balneario de La Concha, pasa a otros bares habaneros, se populariza, y llega a la Bodeguita del Medio, donde adquiere carta de ciudadanía internacional. No tiene la prestancia del Daiquirí ni el empaque del Presidente ni el barroquismo del Mary Pickford ni la altanería del Mulata, pero es uno de los diez clásicos de la coctelería cubana junto al Saoco, el Isla de Pinos, el Santiago, el Havana Special y el Cuba Libre.

            En estos días de fiesta escoja uno de estos cocteles, prepárelo y bébalo con calma y moderación en compañía de familiares y amigos. Agradecerá este regalo de fin de año.

  Hasta  aquí  el  artículo  de  Ciro  Bianchi  sobre  los  cocteles  cubanos  y su  historia,  unos  sabrosos  tragos que  a través  de los  años   siguen  alegrando  al  mundo entero.

                                LA VUELTA  DE  NERON A  MIAMI.

Y como  punto  final  por  este  año  2006   y en espera  del  2007,  El  Duende  Antes de   despedirse   de  Uds.,  les  quiero  decir  que  Nerón,  el  travieso  incendiario  que ha provocado numerosos  fuegos  intencionales  en  la  barriada  miamiense  de La  Pequeña Habana,  ya  regresó  de  sus  vacaciones.  Su  tarjeta  de presentación  la  dejó  en el bar  cercano  al  stadium  del  Orange  Ball que  en  la madrugada  del  pasado 28 ?Día  de  los  Inocentes-fue totalmente  destruido  por  las  llamas.

  El  propietario  del   inmueble, un  cubano  que  se llama  Orlando  Padrón  declaró  a  la  prensa  que  el  no  tenía  enemigos  ni  personales  ni  políticos. Y  puede  que eso  sea  verdad. Pero un amigo  muy  mal pensado  le  dijo  a  El Duende  que   a pocas  cuadras  de ese  bar  está  el  edificio  de la tabaquería  Padrón, propiedad  del    conocido empresario   cubano que  también se  llama Orlando  Padrón, quien  en los  años  80  fue  victima  de mas  de  un  atentado  terrorista  por  su  participación, como  uno  de los   principales organizadores,  junto  al Dr. Bernardo Benes,  en  el  famoso Dialogo  entre  representantes  de  la  comunidad  cubana  exilada   y  el  gobierno  de Cuba, que  dio  por  resultado la  liberación humanitaria de  mas de  3 mil presos  políticos.

¿No  sería  que  Nerón  se  equivocó  de  dirección cuando  se  acordó  del famoso tabaco  que el  otro  Orlando  Padrón  le  obsequió  a  Fidel en  prenda  de  buena  voluntad?    El  único  que lo  sabe  es  Nerón  y  solo  se   sabrá   cuando  al  travieso   incendiario  lo atrape la  policía.  Digo, si  es que  lo  capturan, que  eso  es  mas  difícil  que  encontrar   una  aguja  en un  pajar.

Y sin más  que  decirles,  hasta  el  7, le  digo  a  los  amigos  de  El Duende:  Feliz  año nuevo,  con  el palito  en  la  N  para  que  no  digan  que nos  despedimos  con  una  grosería. Canta mi gallo. Bambarambay.