EL DUENDE LES DESEA
FELICIDADES EN EL 7.
Ya sabemos lo que
significa el número 7 en la Charada China pero para
aquellos que no lo sepan, es la parte del cuerpo
humano donde termina el tubo digestivo, es decir eso
que se escribe igual que la palabra año, pero sin
la tilde que N lleva encima, como ocurre en las
computadoras que no tienen el teclado en español. . De
manera que culpa no es de El Duende que el año que
comenzará dentro de pocas horas, tenga la buena o la
mala suerte de ser el 7. Dicho esto vamos al
grano.
Apenas faltan unas
pocas horas para que comience el 7. Y como desde hace
varios días este Duende no sale al aire por razones
muy personales que no vienen al caso discutirlas, no
queremos sin embargo que llegue la hora del cambio de
año sin que por lo menos les expresemos a Uds.
nuestros mejores deseos en tan significativa ocasión.
Escribir, escribir, nosotros
no lo haremos hasta el próximo dos de Enero, que es
cuando nuestro director ha fijado fecha para reanudar
las trasmisiones regulares de Radio-Miami. Hoy lo que
haremos es leerles una deliciosa crónica escrita por
el periodista cubano Ciro Bianchi, a propósito de
estos días festivos de finales de diciembre que
apareció en el diario Juventud Rebelde. El tema que
trata en su artículo el colega Bianchi viene bien con
las fiestas y se titula ?Regalo de fin de año?. Dice
así:
?Yo no sé bien qué es lo
que pasa. El año, al menos para mí, empezó, como quien dice,
ayer, y se acabará dentro de pocos días. Llegó la Nochebuena y
en un abrir y cerrar de ojos vendrá el Año Nuevo a tumbarnos
la puerta. Quisiera entonces hacer a los lectores un regalo.
¿Qué tal si hablamos de los cocteles cubanos?
Bueno, en
este punto, mejor sería decir de cocteles cubanos. Hablar
sobre todos es imposible ya que nuestra coctelería en muy
numerosa y variada. Alejo Carpentier lo dijo hace ya muchos
años cuando afirmó que La Habana era la ciudad del mundo que
mayor variedad de bebidas podía ofrecer al paladar curioso del
viajero. El autor de esta página en su peregrinar por bares y
cantinas, como dice el célebre bolero que interpretaba Orlando
Contreras, llegó a acopiar más de 300 recetas de cocteles. Las
había de todas partes del país: de La Habana, sobre todo, pero
también de Baracoa y Viñales porque si de algo se precia y
enorgullece este escribidor es el de haber recorrido Cuba ?y
muchos de sus cayos- de punta a cabo. Pero las fórmulas son
ciertamente muchas más: en la computadora del Floridita, que
es uno de los bares más famosos del mundo, había hace ya
algunos años unas 450. Y no eran todas.
Claro que a
un coctel lo refrenda el tiempo. Surge en cualquier bar y se
impone o no en la preferencia de los bebedores. Así, hay
cocteles cubanos que nadie recuerda o que aunque se recuerden
no se degustan, mientras que otros se popularizan y dan la
vuelta al mundo. El gusto del buen bebedor es, en esto,
particularmente sabio.
Cuando se
habla de los grandes cocteles cubanos, se alude al Saoco, al
Mulata, al Mary Pickfords, al Presidente y al Mojito. Y
también al Cuba Libre, al Santiago, al Isla de Pinos y, por
supuesto, al Daiquirí, que es el rey de los cocteles cubanos.
Así lo reconocen los entendidos.
Cantineros
ilustres hay también muchos en Cuba, gente que hizo de su
oficio un arte. La relación, en esta línea, la encabeza, sin
duda, Constantino Ribalaigua, el propietario del Floridita, el
Constante de Islas en el golfo, la novela de
Hemingway. Nació en España, se nacionalizó cubano y falleció
en La Habana, en 1952. Es el creador del Mary Pickfords,
inspirado en la actriz norteamericana conocida como La Novia
de América ?América tendría después otra novia más nuestra,
Libertad Lamarque-, y el Havana Special, que tomó su nombre
del de una línea naviera cuyos barcos hacían la travesía entre
Tampa y la capital cubana. Constante asimismo se asocia al
Daiquirí y al Presidente, aunque no los creara.
LOCOS POR EL DAIQUIRÍ.
El Presidente
-¡asombro!- fue idea del mayor general Mario García Menocal.
El entonces primer mandatario llegó una tarde al Floridita y
pidió a Constante que en un vaso de mezcla pusiera hielo,
gotas de curazao, vermut blanco italiano y ron carta oro. Dijo
que lo revolviera y se lo sirviera en una copa alta, de
bacará, adornada con una guinda y un pedacito de cáscara de
naranja. Constante comentó entonces: ?General, aquí tiene su
Presidente?.
Hay quien
dice que en sus inicios el Daiquirí se llamó Canchánchara, la
bebida preferida entre las tropas independentistas cubanas.
Nuestros libertadores, cuando podían, la degustaban,
endulzando el aguardiente con miel de abeja, para alejar las
penas, los dolores y la fatiga. Pero en verdad el Daiquirí
nació en las minas de hierro del mismo nombre del oriente del
país, y se popularizó en el hotel Venus, de Santiago de Cuba;
el antiguo hotel Venus, el que se hallaba frente al parque
Céspedes y se derrumbó cuando el terremoto de 1932.
En esa
instalación hotelera, sin embargo, el Daiquirí se preparaba al
rumbo, sin medidas exactas, según la inspiración del
cantinero, y se enfriaba con trozos de hielo. Fue Constante,
entonces, en el Floridita, quien estableció la norma exacta
para cada uno de los componentes de ese coctel.
Comenzó a
enfriarlo con hielo frapé y descubrió que el trago no tolera
sino onza y media de ron; si se le echa menos, la batidora
protesta, si se le echa más, queda aguado. Descubrió también
que no se podía dejar en la batidora más de un minuto y se
percató por último del sabor que le confería el marrasquino.
Hemingway
inmortalizó el Daiquirí en su narrativa. Otros escritores
importantes tampoco lo han pasado por alto en sus textos y en
sus vidas.
García Márquez,
Premio Nobel de Literatura al igual que Hemingway, se refiere
al Daiquirí como a ?una combinación de ron diáfano de la Isla
con polvo de hielo y jugo de limón?. Y otro Nobel, aunque
rechazara el galardón, Jean Paul Sartre, en su Huracán
sobre el azúcar, el apasionante reportaje que escribiera
sobre Cuba en 1960, lo menciona como ?una especialidad cubana
que nos agrada por el leve gusto a ron y de su limón diluido
en hielo?. Graham Greene, que mereció diez veces el Premio
Nobel aunque nunca se lo dieron y que fue, al decir de García
Márquez, un inventor de cocteles diabólicos, lo degustaba, y
de qué manera, durante sus estancias en La Habana. García
Lorca se entusiasmó con el Daiquirí del Floridita. Lezama Lima
rememoraba el día en que acompañó a Miguel Ángel Asturias,
notable novelista guatemalteco y Premio Nóbel por añadidura, a
ese bar-restaurante. Nos deleitamos, aseguraba el autor de
Paradiso, con aquella bebida helada que es como el néctar
de los dioses. El argentino Julio Cortázar lo tenía como el
primero en lo que a cocteles cubanos se refiere. Así lo
confesó al autor de esta página que bebió su primer Daiquirí
en la compañía siempre grata y estimulante del novelista de
Rayuela.
FRANCIS DRAKE Y EL MOJITO.
El Saoco tiene, de
seguro, origen campesino. Solo en el campo cubano puede haber
surgido esa mezcla mágica de ron blanco y agua de coco y que
se sirve en el envase natural del fruto. El Cuba Libre nació
en el Floridita, cuando todavía ese bar se llamaba La Piña de
Plata, en los días de la instauración de la República (1902).
El Isla de Pinos incluye en su fórmula el zumo de esa
maravilla de las frutas cubanas que es la toronja. Y el
Santiago se prepara con dos líneas de ron blanco y un golpe de
curazao rojo. El Mulata tiene que haber sido creado por un
barman español. Rinde tributo como pocos a la belleza y
distinción de la cubana. Se elabora con ron añejo, lo que le
da un toque de superioridad único.
¿Y el
Mojito? Asegura don Fernando G. Campoamor que el corsario
británico Francis Drake es el creador de un coctel que hasta
bien entrado el siglo XIX fue muy demandado en las latitudes
antillanas. Se elaboraba con aguardiente y se llamaba Drake.
Tenía, se dice, propiedades curativas. Al menos en su novela
El cólera en La Habana (1838) Ramón de Palma hace
decir a uno de sus personajes: ?Yo me tomo todos los días a
las once un draquecito y me va perfectamente?. Es el
antecedente del Mojito.
Desde 1910
comienza a hablarse del Mojito batido, pero habría que esperar
a la década de los 30 para que apareciera el Mojito actual.
Surge en el bar del balneario de La Concha, pasa a otros bares
habaneros, se populariza, y llega a la Bodeguita del Medio,
donde adquiere carta de ciudadanía internacional. No tiene la
prestancia del Daiquirí ni el empaque del Presidente ni el
barroquismo del Mary Pickford ni la altanería del Mulata, pero
es uno de los diez clásicos de la coctelería cubana junto al
Saoco, el Isla de Pinos, el Santiago, el Havana Special y el
Cuba Libre.
En estos
días de fiesta escoja uno de estos cocteles, prepárelo y
bébalo con calma y moderación en compañía de familiares y
amigos. Agradecerá este regalo de fin de año.
Hasta aquí el
artículo de Ciro Bianchi sobre los cocteles cubanos y
su historia, unos sabrosos tragos que a través de los
años siguen alegrando al mundo entero.
LA VUELTA DE NERON A
MIAMI.
Y como punto final
por este año 2006 y en espera del 2007, El Duende
Antes de despedirse de Uds., les quiero decir que
Nerón, el travieso incendiario que ha provocado numerosos
fuegos intencionales en la barriada miamiense de La
Pequeña Habana, ya regresó de sus vacaciones. Su
tarjeta de presentación la dejó en el bar cercano al
stadium del Orange Ball que en la madrugada del pasado
28 ?Día de los Inocentes-fue totalmente destruido por
las llamas.
El propietario del
inmueble, un cubano que se llama Orlando Padrón declaró
a la prensa que el no tenía enemigos ni personales
ni políticos. Y puede que eso sea verdad. Pero un amigo
muy mal pensado le dijo a El Duende que a pocas
cuadras de ese bar está el edificio de la tabaquería
Padrón, propiedad del conocido empresario cubano que
también se llama Orlando Padrón, quien en los años 80
fue victima de mas de un atentado terrorista por su
participación, como uno de los principales organizadores,
junto al Dr. Bernardo Benes, en el famoso Dialogo entre
representantes de la comunidad cubana exilada y el
gobierno de Cuba, que dio por resultado la liberación
humanitaria de mas de 3 mil presos políticos.
¿No sería que Nerón
se equivocó de dirección cuando se acordó del famoso
tabaco que el otro Orlando Padrón le obsequió a Fidel
en prenda de buena voluntad? El único que lo sabe
es Nerón y solo se sabrá cuando al travieso
incendiario lo atrape la policía. Digo, si es que lo
capturan, que eso es mas difícil que encontrar una
aguja en un pajar.
Y sin más que
decirles, hasta el 7, le digo a los amigos de El
Duende: Feliz año nuevo, con el palito en la N para
que no digan que nos despedimos con una grosería. Canta
mi gallo. Bambarambay.