Miercoles  25 de abril de 2007

 

El Duende Miami.com

Desde el más allá

 

Original de Radio-Miami.com

                                                                                

  

DUENDES  ANTERIORES

 

                                DESDE MI TUMBA FRÍA

                              El Duende se fue a New York  por dos semanas.

No  se pongan  a batir palmas nuestros contumaces enemigos que la intención no es la de quedarnos a vivir  exilados en la Babel  de Hierro, sino que  sólo  se trata de un viaje de trabajo acompañando al  director  de  Radio-Miami que ha sido  invitado a participar  en el Tribeca Film Festival  en el  que  va  a  ser presentado el documental   "El Hombre de las  dos  Habanas"  realizado por una de sus hijas,  la cineasta  Vivien  Weisman Lesnik.

La película relata cinematográficamente la participación  de Max Lesnik en  el  proceso revolucionario  cubano  y su batalla  en  los  últimos años contra  el terrorismo y los  terroristas.

De manera que  como no tenemos tiempo para escribir  nuestras  acostumbradas notas informativas,  hoy  vamos  a  ocupar  nuestro  espacio  habitual  dando lectura a un original artículo que leímos  en  el vuelo  de  American Air Lunes de Miami a  New York  que  apareció publicado en la  revista Nexos  que  edita  la propia  aerolínea y que aparece bajo la firma de la  periodista Carolina  Delgado, a la que le damos  el  crédito  merecido porque  a  este  Duende nunca le  ha gustado apropiarse de lo ajeno.

El trabajo se titula "El  abanico como lenguaje del corazón" y  como es de suponer trata de la historia  de  ese  original artefacto que lo mismo  servía en los  viejos tiempos  para  refrescar del calor,  que  de  instrumento  de  comunicación  entre  las  parejas  de  enamorados.

Aunque el abanico es hoy un adorno fuera de época, su uso se remonta a las civilizaciones más antiguas. ¿Quien no  ha visto películas de las  cortes faraónicas en la que esclavos abanicaban al faraón con enormes abanicos de plumas, que además  de refrescarle, espantaban los insectos. En realidad, se  han hallado restos de abanicos en tumbas etruscas de 500  años  antes  de  Cristo.

 En China también era ampliamente  usado. No solo servía para refrescarse sino que era un elemento decorativo  y elegante, y en su realización se utilizaban diversos materiales: sedas, papel, plumas, bambú, encajes,  marfil, maderas livianas, todo decorado finamente.

Los incas y los aztecas también tenían abanicos, pues entre los obsequios de Moctezuma a Cortés figuraban seis abanicos de plumas. Entre los regalo  de Colón a Isabel la católica al regreso de su primer  viaje  a las  Américas, figura una abanico  de plumas, material en qué también estaban realizados los cinco encargados por Germana de Foix,  la segunda esposa de Fernando el Católico en 1514.

Sin embargo, nunca nos paramos a pensar en el abanico plegable, el de varillas que todos damos por hecho En la antigüedad los abanicos eran de una pieza. Una leyenda atribuye u invención a un fabricante japonés del siglo VII que tuvo la idea al observar las alas de un murciélago. Corrobora  esta leyenda el hecho de que los primeros abanicos plegables se denominaron Komori, palabra que en japonés significa murciélago.

 Posteriormente el abanico plegable se difundió a Europa- posiblemente a través de Portugal  que entonces exploraba Asia- y desde su vecina España, donde arraigó notablemente, pasó a América. Aunque es un elemento muy femenino, en algunas culturas también los  han utilizado los  hombres.

Su auge se produjo en los  siglos XVIII y IXX y como en muchos otros casos, los avances tecnológicos acabaron con su popularidad. En este caso la puntilla se la dio el invento del ventilador a corriente alterna que aparece  en 1891

Una de las mayores y más asombrosas virtudes del abanico durante su época de auge fue la comunicación entre los enamorados. En una sociedad conservadora y puritana, los  jóvenes carecían de situaciones en las que pudiesen comunicar sus sentimientos con cierta privacidad.

Un encuentro a solas hubiese sido impensable. Las normas de conducta eran muy estrictas pero como todos los jóvenes de  todas las épocas, ellos buscaron sus trucos para amarse sin la supervisión y el abanico fue su arma secreta.

En las reproducciones  y textos  de la España del siglo IXX y aún del siglo XX, especialmente en la zona  de Sevilla y Granada, podemos  hallar  referencias al abanico, y hasta un significado propio de cada acción que se  hacía con él.

Cuando las damas de aquellos tiempos iban a bailes  lo  hacían  acompañadas por su madre o por otra persona  adulta, llamada ?Chaperona?. Las  Chaperonas tenían los ojos  vigilantes por lo que  las  jóvenes tuvieron que inventarse un medio para poder comunicarse con sus pretendientes si ser vistas por  éstas. Usaban su abanico en diferentes formas para trasmitir los mensajes que  deseaban.

Hasta aquí esta interesante crónica  sobre  los  abanicos que leímos  en  una  revista cuando  éste Duende volaba  de Miami  a  New York y que  nos  sirvió para  no quedarnos  en blanco en el día  de  hoy.  Y así nos  despedimos  de  Uds.  con mi gallo  cantando. Bambarambay..