| Lunes 15 de diciembre de 2008 | |
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El Duende Miami.com Desde el más allá
Original de Radio-Miami.com |
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DESDE MI TUMBA FRÍA Las butifarras de El Congo. En ocasiones anteriores El Duende ha recurrido a sus viejas añoranzas de la gastronomía popular cubana para mantener en vivo algunas de las más tradicionales delicias del paladar criollo, evocando en este espacio radial el sabor incomparable del original sándwich cubano o el nostálgico recuerdo de una sabrosa frita con sabor a chorizo sepultada en una abundante y crujiente ración de papitas fritas a la julia dentro de un pan redondo de suave y delicada masa. Hoy vamos elevar el pasamiento en tributo a las butifarras de El Congo reproduciendo una crónica del periodista cubano de la isla Avilio Gonzáles originalmente publicada en el órgano digital "El Habanero" . Su título es "Las butifarras de El Congo". Le damos lectura sin quitarle ni ponerle un punto o una coma a esta crónica , de manera que si hay acierto o error en alguna de sus partes, corresponde el acierto o el error al colega Abilio González que fue el autor de su texto que dice así : "El surgimiento, confección, venta y promoción de este plato constituye orgullo tradicional del menú de los vecinos de Güines. Por su gusto y calidad, fue conocido nacional internacionalmente, y ampliamente divulgado mediante la canción Échale Salsita, de Ignacio Piñero y su Septeto Nacional. Guillermo Armenteros, conocido por el sobrenombre de El Congo desde su infancia, fue natural de esta zona, y provenía de una familia humilde dedicada al corte de la caña. Era de mediana estatura, sencillo, jaranero y bien parecido, y se calcula que haya nacido en la última década el siglo XIX. Las butifarras, plato fruto de la cocina española en Catalina, con nuevos preparativos y condimentos en su confección, cambió su sabor y adquirió características muy personales y peculiares, por lo que logra alcanzar aceptación, gran popularidad y alto nivel de ventas. Al principio El Congo vendía el codiciado producto dentro de una cesta que se colocaba sobre su cabeza, en sitios cercanos a los bailes y fiestas públicas, religiosas,... Durante sus gestiones de venta pregonaba la palabra ¡salsa! Todos los comensales coincidían en que era un plato exquisito. El Congo progresó con el producto de sus ventas y entonces comenzó a vender las butifarras en una carretilla parecida a las que utilizan los granizaderos, donde expendía su producto con pan o sin él. Con posterioridad adquirió un kiosco transportado o portátil que podía trasladarlo con facilidad de un sitio a otro. El precio de venta consistía en cinco centavos y se incrementaba a 10, si era acompañada de un pan; en caso de que este incluyera dos unidades, su costo era de 20 centavos. Las unidades solas se vendían por decenas con su salsa. En 1957, al inaugurarse el restaurante, continuaron vendiéndose por este valor y presentación, pero ahora, acompañada de otras comidas. En el proceso de fabricación de las butifarras intervenían cinco o seis personas, y cada una de ellas realizaba un trabajo específico: preparar la carne y las sazones, virar al revés los intestinos y lavarlos (luego se inflaban y se ubicaban al Sol) amasar y rellenar, amarrarlas y ponerlas al vapor de un fogón de carbón. Se supone que, lo ingredientes, más o menos, fueran: 50 por ciento de carne de puerco, 25 de empellas de cerdo y 25 de carne de res y, por supuesto, se les agregaba pimentón El Potro, ajo chileno, nuez moscada y sal. Las carnes se preparaban en forma de picadillo crudo, al que se le adicionaba especies y sazones. Posteriormente, dicha masa era pasada a una habitación en la cual primero solo podía entrar El Congo y, después del fallecimiento de este, su hija Guillermina. El proceso en aquel sitio constituía un secreto familiar, pues era donde se le daba el acabado a la masa, la cual se depositaba mediante un embudo dentro de la llamada tripa, y se ubicaba sobre el fogón. La salsa se preparaba aparte, con grasa, sazones y especias, sin puré de tomate. La ubicación del comercio, en sitio junto a la Carretera Central, contribuyó a engrandecer la fama de la butifarra, que en su momento era la principal del país. Este producto se confeccionó según la receta original de El Congo, hasta el año 1964, cuando el establecimiento fue intervenido. Ignacio Piñeiro y su Septeto se presentaron para actuar en un salón de baile denominado El Cañón, que existió en Catalina. Allí El Congo estaba pregonando su producto y les brindó butifarras a los músicos; les agradaron tanto, que Ignacio Piñeiro prometió allí mismos componerle una canción, la cual fue estrenada en esa actividad. Esta pieza de la música popular, que data de la década del 30, contribuyó a incrementar la fama del apetecido producto. Importantes personalidades estuvieron en el establecimiento. En varias ocasiones fue visitado por Fidel, durante su etapa como dirigente del Partido Ortodoxo y sus actividades revolucionarias, pues era amigo personal del hijo de El Congo. Benny Moré era asiduo visitante y amigo de El Congo, y hasta participaba en los festejos de la familia. El destacado y ya famoso boxeador Kid Gavilán, la actriz y cantante cubana Ninón Sevilla, quien desarrolló su carrera en México, también asistían al sitial. Por su puesto, Piñeiro y sus músicos continuaron frecuentándolo. Al enriquecer la gastronomía internacional, constituye un acervo de nuestra cultura popular tradicional, y posee valor en función del consumo y la economía en las actividades turísticas". Cuando volverán, cuando volverán las originales butifarras de El Congo a Catalina de Güines a la orilla de la carretera central. Todavía recuerdo con nostálgica añoranza aquella popular décima guajira que decía: "Con este cantar propongo / lo que dice mi segundo / no hay butifarra en el mundo / como las butifarras de El Congo". Y hasta mañana que será otro día que con mi gallo me iré cantando a mi tumba fría. Bambarambay
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