Honduras y las cuentas claras.
Todo depende de a quien Ud. le quiera creer en cuanto a lo que
pasó en Honduras el pasado domingo de elecciones
presidenciales. ¿Quien dice la verdad? ¿Los golpistas de
Micheletti y los que participaron en esa farsa electoral o
quienes denuncian la trampa? A la conclusión real de lo que
pasó en Honduras solo se llega cuando se sacan las cuentas
claras. Así de simple.
Según los golpistas, el ganador de la contienda fue el
Candidato Conservador Porfirio “Pepe” Lobo con una
participación en las urnas de un 61 por ciento de los electores
con derecho a votar. Por su parte el Presidente Zelaya declaró a
la prensa internacional que solo fue a las urnas un 30 por
ciento del electorado.
Y
ahí está la clave en cuanto a la legitimidad del proceso
comicial hondureño del pasado domingo. ¿Quien dice la verdad?
Nadie discute- ni una parte ni la otra- que la abstención
electoral en Honduras tradicionalmente es siempre alrededor
de un 40 %, es decir que por lo regular solo vota un 60 %
del electorado, cifra que arrojó la elección en la que el
Presidente Zelaya resultó electo presidente en comicios
limpios aceptados en Honduras por todo el mundo.
El Presidente Mel Zelaya desde su asilo en la Embajada de
Brasil en Tegucigalpa, instó antes de las elecciones, a que el
pueblo hondureño fuera a la abstención electoral. Supongamos
entonces que solo siguieran su consigna un 20 por ciento
de los votantes, que es lo menos que pudiera tener de
seguidores el mandatario derrocado por los militares
golpistas.
La
cuenta está clara. Si en Honduras siempre solo vota un 60 %
de los electores y a esa cifra le restamos un 20 % de los
seguidores del Presidente Celaya, que no fueron a votar
siguiendo la consiga del mandatario derrocado, lo que queda
es solo un 40 % del electorado que fue el que depositó su
votos en las urnas. La abstención fue esta vez de un 60 por
ciento.
Los números no se equivocan. Es falso de toda falsedad que
en las elecciones de Honduras del pasado domingo votara el
61 % del electorado como dicen los golpistas y sus
seguidores, para darle legitimidad a la farsa electoral
hondureña. Unas elecciones en las que solo votó un 40 por
ciento del electorado no tiene validez alguna para ningún
gobierno que se respete a sí mismo. ¡Que me saquen otra
cuenta, porque la que El Duende sacó, no da ¡.
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El
“Agente Otto” al lado del Lobo!”
Algo que sino fuera tan bochornoso, movería a risa. El jefe
de los guardaespaldas del “Presidente Electo” de Honduras
Porfirio Lobo, es un cubano de Miami. Se trata de un
personaje pintoresco de cara bien dura, de rechoncha figura
cuya imagen todos conocen de las emisoras Cloacas del sur de
La Florida que responde al rocambolesco alias de “Agente
Otto”. El “Lobo” Presidente de Honduras tiene a otro “lobo”
a su lado. Son lobos de la misma camada. Auuuuuuuuuuuu.
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Disputa
por unos senos de silicona.
Una disputa como esta no es muy común ante los Tribunales pero
de que ocurren, ocurren. Un medico cirujano plástico , bien
conocido en Miami por la publicidad que despliega en la
televisión local, ha sido citado como testigo por una de las
partes envueltas en un litigio sobre una operación
realizada a una dama, a la que para darle mayor realce a
su busto, le implantaron unos robustos senos de silicona.
El costo fue de cinco dos mil dólares por cada una de las
protuberancias reconstruidas.
La
operación fue realizada con todo éxito y la dama- antes de
pecho planchado- ahora puede exhibir algo que Dios no le
dio pero que la cirugía moderna se encargó de proporcionarle y
que su marido de entonces tuvo que pagar al cirujano en
dinero contante y sonante.
La
querella no es contra el médico sino contra otro individuo
que resultó ser la nueva pareja masculina con la que
ahora vive la dama de los voluptuosos implantes de silicona
después de abandonar “por amor” a su generoso primer marido.
La
querella judicial es por los cinco mil dólares que el esposo
pagó por la operación, más los costos de abogados así como
daños y perjuicio colaterales que resultaron de la infidelidad
de la esposa que quiso tener nuevos y atractivos senos como
los que anuncia el cirujano por la televisión.
¡Esos senos son míos y quien los disfrute que los pague como
los pague yo los pagué yo”, dice el hombre burlado. El otro
responde diciendo que él conoció a la dama con los senos
ya implantados y que por lo tanto nada tiene porque pagar por
ellos.
Mientras tanto el cirujano plástico en el medio de la
querella, en calidad de testigo, sigue en “espera” de lo
que falle el juez. Casos y cosas que pasan en Miami y que
no suceden en otro lugar.
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Jugando al racismo al revés.
“La última carta que han sacado en el juego es la del
racismo al revés”. Así nos expresa en un mensaje
electrónico, un asiduo oyente y lector de El Duende,
refiriéndose a un artículo que apareció hoy martes en El
Nuevo Herald escrito por el veterano reportero de ese
periódico Juan Tamayo.
El
personaje central del reportaje, señor Duende- nos dice el
lector- es un ex profesor de Marxismo Soviético de la
Universidad de La Habana, a quien los alumnos mucho que
le temíamos porque por sus pronunciamientos extremistas,
nos hacía pensar que además de catedrático era oficial
de la Seguridad del Estado encargado de analizar el
comportamiento de nosotros sus alumnos, que a más de uno
“echó para alante” por “blanquitos burgueses” como él solía
decir.
Pasaron los años y ahora nos encontramos en Miami, “
exilado”, al “profesor” que en otros tiempos hubiera tenido
que ser vendedor de periódicos en La Habana para ganarse la
vida y que con la Revolución llegó a ser catedrático
universitario , para que ahora en Miami, tengamos que
soportarlo diciendo que en Cuba hay discriminación racial y
que a los negros se les persigue por el color de su piel.
Por lo menos a mi ex profesor de Marxismo Soviético nunca
lo persiguieron en Cuba. Al contrario el perseguidor era él.
Jugar con la carta del racismo al revés no es bueno
para Cuba ni para los negros, ni para los blancos.
Señor Duende, a este individuo racista al revés ni vale la
pena mencionarlo por su nombre. Allá en la Universidad le
llamábamos “Cara de Foca”, por feo. Y cuando se ríe es
peor. Aquí quiere vivir del cuento de “negro opositor” y
para eso utiliza la carta del racismo al revés. Ojo,
mucho ojo con “Cara de foca” que es un tipo de cuidar.
Firma la carta a El Duende : “Un blanquito burgués de El
Vedado”, como me llamaba él.
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Y
hasta pronto amigos de El Duende que con mi gallo me voy
cantando a mi tumba fría. Bambarambay.